La esquina de Baco

Todo sobre vinos y proceso de producción

Tercera edición del Salón de Vinos Monovarietales

El próximo 28 de este mes tendrá lugar la tercera edición del Salón de Vinos Monovarietales en el Hotel Miguel Ángel de la capital española. El salón abrirá sus puertas de doce de la mañana a diez de la noche de manera ininterrumpida.

Ernesto Gallud, impulsor del evento, declara que los vinos monovarietales permiten identificar las características de cada variedad de uva. De esta manera, es posible adquirir conocimiento de los vinos desde la base.

El motor de este proyecto son las ganas de conocer y demandar los vinos por la variedad de uva en lugar de por las zonas de producción o Denominación de Origen. De aquí surgió la guía de vinos monovarietales Sin Mala Uva, además será el mismo salón en el que se presente la tercera edición Sin Mala Uva 2017. Con esta guía es posible conocer la última valoración de los expertos, aprender características de cada tipo de uva, hacer una cata, disfrutar del vino, etc.

Cuando se habla de un vino monovarietal no siempre se trata de un vino elaborado con una variedad de uva, ya que según la zona de producción del vino o las legislaciones de los países productores, basta con que tenga un 85% de una uva para ser monovarietal.

Esta tercera edición está enfocada a profesionales y aficionados al mundo del vino, para el público general la entada costará 35 euros y se puede comprar en Vinoquedadas.com. Además, la organización invita a los productores de vinos monovarietales de España que quieran estar presentes en el salón, que se comuniquen con el equipo comercial de la organización.

Si te gusta el vino, déjate ver en esta tercera edición del Salón de Vinos Monovarietales.

Los sabores del vino

El vino es una bebida natural y de origen fermentativo, por lo tanto consta de múltiples compuestos y como tal tiene diversos sabores, un buen vino no tiene que ser necesariamente el que los equilibre todos. Visto desde el punto químico, el vino tiene más de 800 compuestos diferentes, (antiguamente se creía que tenia 150) siendo la mayoría volátiles.

Algunos de estos compuestos vienen del mosto (la uva) y otros provienen de su elaboración y crianza. La fermentación, como ya explicamos anteriormente, se realiza gracias a las levaduras que se encuentran en la piel o se le añade para que arranque dicha fermentación. Gracias a esto, se consigue que los azúcares se transformen en alcohol y en diversos compuestos secundarios, que entraremos a verlo con liberación de calor y carbónico.

En la boca, y esto es muy importante, es donde podemos detectar el dulzor, el salado, el amargo y ácido (en el capitulo de cómo se cata los veremos). También veremos componentes volátiles y lo que nos aporta, puesto que éstos solemos localizarlos más en la vista y olfato.

El sabor ácido del vino. La acidez del vino es la suma de los diferentes ácidos orgánicos y se representa en pH. Esta medida se realiza con la suma de todos los ácidos y prevaleciendo el más importante: el ácido tartárico. Los ácidos provienen de dos orígenes, de la uva y de la fermentación.

Los compuestos ácidos más interesantes son los tartáricos, málico, cítrico, láctico, succínico, y acético. Decimos más importantes, por que los tenemos en más cantidad y podemos apreciarlos organolépticamente (en cata). Ellos son los responsables de la acidez total de los vinos, que debe rondar entre 4,5 y 8 G/L y se expresa en ácido tartárico y es la suma de acidez volátil y acidez fija. Dicha acidez suele ser muy variable y dependerá de la vid en cuestión, las condiciones meteorológicas de cada año, las prácticas de elaboración del vino y las de cultivo.

El sabor dulce del vino. El sabor dulce o la sensación de dulzor nos la da el azúcar del vino, los alcoholes, el etanol y la glicerina. Veremos de dónde viene cada uno y su importancia. Decir que el vino nos da una sensación de dulzor no es lo mismo que decir que el vino está dulce, puesto que un vino tranquilo no puede superar los 2 G/L de azúcar.

El sabor salado del vino. Los dos tipos de compuestos de este sabor son orgánicos e inorgánicos. Los orgánicos proceden de los ácidos y los inorgánicos son sales minerales como el sulfato, fosfatos, etc.

Las concentraciones de estas sales se localizan en el suelo del viñedo, aunque algunos tratamientos en bodega los pueden eliminar, o por el contrario, puede aumentar su contenido. En los vinos su contenido está controlado por ley (como máximo 1000 mg./l los sulfatos y otros; el potásico tiene un límite más alto 2 g./l).

El sabor amargo. El amargor viene generalmente por la alta concentración de polifenoles que aparecen en todos los vegetales. Dichos compuestos se encuentran en mayor proporción en los vinos tintos que en los blancos, por su maceración durante la fermentación.

Estos polifenoles los podríamos clasificar desde dos puntos de vista: el enológico (Se clasificar como fenoles y flavonoides. Estos últimos también se podrían separar como: flacones, catequizas, leucoantocianos, antocianos y taninos) y el organoléptico (Los polifenoles coloreados son los que definen los vinos en función de su color. Entre ellos están los antocianos y las flavonas. Unos en suspensión (antocianos) y otras disueltas).

Maridaje perfecto entre queso y vino

El maridaje del queso se refiera a la combinación de este en la mesa junto a determinadas comidas o bebidas. El único requisito para que lo podamos llamar maridaje con mayúsculas es que esta combinación engrandezca y mejore el sabor de los alimentos que unimos.

Nos centraremos en la combinación de vinos y quesos: Todos apreciamos tomar un buen queso con vinito, pero los más sabios del tema pueden opinar que no calzan bien o que muchas veces la fuerza de ambos se repele, pero ahí podemos encontrar la excepción que confirma la regla, y es que los polos opuestos se atraen.
En QuesosManzer.es os mostraremos unos cuantos consejos a la hora de escoger el queso y el vino ideales y, aunque cada maestrillo tiene su librillo, esperamos que os sirvan para acompañar increibles veladas.

El punto clave es saber donde está el equilibrio entre las fuerzas y los sabores de los productos escogidos. No es conveniente mezclar un queso con mucho carácter con el elixir de uvas más fuerte que tengamos en la bodega. Así, si lo que tenemos es un queso de gran sabor deberemos elegir un vino joven. Si aún así preferimos un vino potente podemos usar tapitas adicionales como picos, regañá o almendras fritas para pasar de un sabor a otro. Y por lo general los quesos más suaves son más fáciles a la hora de iniciarnos en el maridaje.

Con vinos tintos:

El queso curado, madurado, viejo o añejo va de maravilla. Si el curado escogido no tiene mucha fuerza podemos optar por un tinto más afrutado o liviano.

Con vinos blancos:

Encontraremos con ellos más fácilmente combinaciones armoniosas, los quesos de cabra y de mezcla tiernos o semicurados sabrán a gloria. Y como con los tintos, si el vino tiene más cuerpo podemos pasarnos a un queso mezcla algo más fuerte como un curado. Con los vinos rosados obtendremos mismos resultados.

Para los vinos dulces

el gran boom es el queso azul, o en su defecto un queso fuerte y blando como los de la variedad de leche cruda.

Finos y manzanillas

son una buena apuesta ya que como el color negro, van con todo.

Y hasta ahí nuestras recomendaciones para los maridajes más queseros, ya sólo queda ponerlo en práctica y aprender nuestros propios trucos para disfrutar al máximo de nuestros quesos preferidos.

Cómo ser un experto en vinos

La uva

 En primer lugar, la uva, en su mayoría, es incolora y es el hollejo (piel) de la púrpura la que imprime el color tinto al vino en la fermentación (la transformación de azúcares del mosto en alcohol). Por lo tanto, y salvo algunas excepciones, las uvas negras con su hollejo son para el tinto, y las blancas para el blanco. Entre las excepciones se encuentra el blanc de noirs, vinos blancos que se elaboran con uvas tintas, pero sin hollejo, lógicamente. En los rosados, por otro lado, se mezclan blancas y tintas con parte de hollejos.

El vino

Para diferenciar los tipos de vino existen varias clasificaciones. Las más básicas son por su dulzor y por su edad. En la primera se diferencia entre secos (de 0 a4 g de azúcar por litro), semisecos (de 5 a 12 g/l), semidulces (de 13 a 45 g/l) y dulces (más de 45 g/l).

Para explicar la segunda hay que tener en cuenta una falacia de lo más generalizada en la actualidad: “El vino, cuanto más viejo, mejor”. Pueden existir vinos muy jóvenes de excelente calidad y otros con décadas de antigüedad que sean imbebibles. Dependiendo de su edad y del tipo de crianza, los vinos serán:

Jóvenes (también denominados del año o nuevos): si se obtuvo en la misma campaña que la que indica el etiquetado.

Semicrianza: cuando han pasado un pequeño tiempo en recipientes de madera. En este caso se debe indicar el tiempo exacto. También son llamados coloquialmente “roble”.

Crianza: han pasado 2 años de crianza, en los que al menos 6 meses han sido en barrica.

Sala de barricas de vino tinto.

Reserva: en el caso de blancos y rosados, las condiciones serán como en los crianza. Si son tintos, deberá haber sufrido una crianza de 3 años, de los que 12 meses han sido en barrica.

Gran Reserva: estos vinos deberán tener una crianza de 4 años, con seis meses en barrica en el caso de blancos y rosados. Los tintos pasarán 5 años de crianza y un mínimo de 18 meses en barrica.

Hay que tener en cuenta que estas indicaciones pueden variar ligeramente dependiendo de las restricciones de la Denominación de Origen.

Pero ¿qué son las Denominaciones de Origen? Una D.O. es el nombre de una región, comarca, localidad o lugar determinado que haya sido reconocido administrativamente para designar vinos elaborados en la región y con uvas autóctonas, y cuya calidad y características se deban, fundamentalmente, al medio geográfico. La gestión de dichas D.O. la mantiene el Consejo Regulador de cada una.

La cata

A la hora de catar un vino se siguen unos pasos muy claros. Primero se trabaja la vista, después el olfato y, por último, el gusto. Hay que tener en cuenta que los enólogos y catadores llevan años de práctica y son capaces de recordar infinidad de olores (hasta 10.000 puede almacenar en la memoria el ser humano). La única manera de ser un experto catador es a través de la práctica.

La vista debe fijarse en el color, el volumen y el movimiento (la lágrima que deja el líquido en la copa). Es entonces muy útil realizar la cata sobre una superficie blanca en la que resalten los colores. Los vinos blancos y rosados se observan desde arriba, tomando la copa por el pie, mientras que a la hora de catar tintos habrá que ladear un poco el continente.

En una cata de vinos se recomienda catar un máximo de ocho variedades.

En la fase olfativa habrá tres etapas de percepción. La primera con la copa quieta, donde se encuentran los aromas de salida que informan sobre los métodos de crianza. Después habrá que agitarla un poco, para rescatar los aromas principales que destacan la personalidad. Por último se encuentran los aromas de fondo, que necesitan algo más de tiempo para ser descubiertos.

Finalmente el gusto, que permite saborear el vino en su plenitud.

Las catas normalmente solo reúnen entre 8 y 10 vinos, por un tema de saturación del individuo y de la graduación alcohólica. Al ser más, se utiliza la escupidera para no tener que beber cada uno. No son recomendables, en ningún caso, los pintalabios, las colonias ni haber ingerido alimentos o fumado.

El servicio

En casa tenemos que pensar en el servicio y sí, existe una copa para cada vino. Un jerez se tomará en una de oporto, algo menor a las de vino blanco; la riesling, más pequeña y con poco abombamiento, es perfecta para blancos jóvenes y sin madera; y las más amplias serán para tintos jóvenes o blancos con crianza. También existen las copas de Burdeos, más grandes que las de cerveza para que el vino se airee; y las de Borgoña, todavía más abiertas para apreciar el bouquet (las sensaciones olfativas de un vino de crianza en su punto óptimo).

Tanto en la cata como en privado es recomendable tomar antes los jóvenes que los viejos, los blancos que los tintos, los fríos que los atemperados y los secos que los dulces. Si son del mismo estilo, mejor empezar por aquellos con menor graduación alcohólica.

En el momento de almacenarlos, habrá que guardarlos en penumbra y con la botella en horizontal, para que el vino entre en contacto con el corcho.

Solo queda la armonía con los alimentos. Algunos dirán que el jamón ibérico ha de tomarse con fino, otros con un crianza y más de uno que su pareja puede ser cualquiera excepto los espumosos. En cuestión de gustos, las posibilidades son también infinitas y por eso invitamos a salirse de la rigidez del blanco para pescado y el tinto para carnes y así descubrir los gustos propios de cada uno.

Pollo al ajillo con vino blanco

Vamos a elaborar un delicioso pollo al ahillo con vino blanco. Es una receta sencilla y rápida que suele gustar a todos.

* Ingredientes

– Un pollo grande troceado.

– Siete u ocho dientes de ajo.

– 500 ml. de vino blanco.

– Aceite de oliva virgen.

– Sal.

– Pimienta.

  • Elaboración

Esta receta es para cuatro o cinco personas aproximadamente. Trocea el pollo en trozos no demasiado grandes para que se puedan cocinar fácilmente. En primer lugar lávalos bien y después nsalpimenta a tu gusto. Una vez secos y escurridos, comienza a preparar los ajos que vayas a emplear, hazlo dándoles un golpe sexo para aplastarlos un poco sin pelarlos antes y sin llegar a romperlos del todo.

Coge una olla grande y vierte un poco de aceite de olvia virgen de buena calidad. Pon los ajos para que se doren bien durante algunos minutos a fuego medio para que no se quemen. Una vez listos, sácalos y apártalos, entonces mete el pollo en ese mismo aceite para ferírlo lo mejor posible a fuego medio. procura que haya abundante aceite para que los trozos de pollo no se quemen.

Una vez esté el pollo bien frito por todos lados, retira el aceite sobrante de la olla y echa de nuevo los ahos que tenías ya fritos y el vino blanco. Baja el fuego lo máximo posible para que se cocine mejor y déjalo durante 35 minutos aproximadamente. De esta manera, el alcohol se evapora y el pollo coge el sabor. Remueve de vez en cuando cuidadosamente para no romper los trozos de pollo y que no se quemen.

Para terminar, puedes emplatarlo con alguna guarnición que te guste. ¡Disfruta de esta deliciosa receta con vino blanco!

Bodegas con vino y arte

“Beber entre líneas” es el proyecto que ha dado vida propia a la Bodega Solar de Samaniego de Laguardia en Álava. El muralista autraliano Guido Van Helten ha logrado mezclar vino y arte en siete murales de la bodega. Su intención es fusionar las cuturas del vino y la literatura y recuperar para el patrimonio vinícola los antiguos depósitos del Espacio Medio Millón. Las personas retratadas no están elegidas al azar, son personalidades vinculadas al mundo del vino y han sido escogidas por el propio artista.

Un total de siete murales hacen de la bodega una obra de arte, cada uno de ellos mide más de diez metros. Se trata del primer trabajo del autraliano en nuestro país. El muralista explica que lleva muchos años dedicándose a “capturar a la gente mediante el retrato y los elementos humanos, y combinarlos con elementos industriales”. Por este motivo, estudió a fondo la Bodega Solar de Samaniego, ya que sería el lienzo para difundir su arte, después recorrió la región y encontró a los protagonistas que iba a retratar. El motivo por el que eligió este lugar era  “traer un poco de vida a un lugar que no había utilizado durante años y convertirlo en algo bello donde adentrarse y observar”.

El artista aprovecha las texturas y marcas de hormigón, que se mezclan con el retrato para que no sea algo fijado sobre el depósito, sino que parece encontrarse en el interior.

Se realizó un vídeo que permite contemplar el proceso creativo y conocer mejor el trabajo de Van Helten, así como su visión artística, los pasos que sigue para realizar sus obras y las sensaciones que ha querido transmitir con su intervención.

La bodega más antigua de España está en Alicante

Italia es la primera región vinícola más importante a nivel mundial quedando España en la segunda posición de esta lista. En nuestro país se producen cuarenta millones de hectolitros de vino al año. Desde la Antigüedad se elabora y consume vino en la Península Ibérica. En concreto, L´Alt de Benimaquia, situado en la localidad alicantina de Dénia, presume de tener la bodega más antigua que hubo en nuestro territorio.

Este yacimiento producía vino en el siglo VI antes de Cristo debido a la influencia que ejercieron los fenicios. En Dénia se han hallado ánforas de origen fenicio que probarían que la transformación de la uva en vino estuvo influenciada por este pueblo procedente del actual Líbano.

En la Antigüedad, la mayorúa de productos refinados procedían de Oriente. Lógicamente, las técnicas que iban a permitir transformar los dones perecederos de la tierra en productos perdurables y aptos para la exportación.

En tres lagares se pisaba la uva y caía el mosto en una balsa de fermentación. Una escotadura permitía recoger el vino para envasarlo en ánforas. Una posible área de prensado servía para extraer el orujo. De esta zona, situada al suroeste del Montgó, se recuperaron los restos más interesantes del yacimiento: unas siete mil pepitas de uva de la época claramente cultivadas.

La amplitud territorial de Dénia le llevó a buscarse la vida con nuevos recursos alimentarios para subsistir, y su ubicación estratégica en el Mediterráneo Occidental, lugar de elevado tránsito comercial, convirtieron al municipio en uno de los mayores productores y exportadores de vino de toda la Antigüedad.

En la época romana, la antigua Dianium exportó e importó productos culinarios a todos los rincones del Mediterráneo. Entre ellos, el exquisito vino que elaboraba en grandes cantidades, que no sólo era un producto de consumo, sino que formaba parte de un culto.

Libros sobre el mundo del vino

Atlas mundial del vino, de Hugh Johnson y Jancis Robinson

Atlas mundial del vino, de Hugh Johnson y Jancis Robinson

Atlas mundial del vino, de Hugh Johnson y Jancis Robinson. Pocos libros sobre vino y enología merecen el adjetivo de «clásico», pero la primera edición del Atlas mundial del vino hizo historia en el mundo editorial en 1971, fecha de su publicación. Los críticos lo consideran la obra sobre vino esencial y más prestigiosa que existe. Esta nueva edición aporta a los lectores todos los conocimientos actualizados sobre el mundo del vino, con aspectos como el cambio climático, los avances en las técnicas de vinicultura, las modas, las nuevas regiones vinícolas…

Los Supervinos 2015 (Las guías del lince)

Los Supervinos 2015 (Las guías del lince)

Los Supervinos 2015 (Las guías del lince), de Joan C. Martin. La guía líder de Vinos de Supermercados se publica completamente renovada en su edición 2015. Joan C. Martín, el nuevo autor, es enólogo y escritor, director de bodegas grandes y familiares, y Premio Juan Mari Arzak así como Premio Gourmand. Y vuelca sus enormes conocimientos en una selección de 134 vinos de supermercado por precios hasta 6,99€; más 16 megavinos del super hasta 14,99€.

Los 100 mejores vinos por menos de 10 euros, 2015, de Alicia Estrada

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Los 100 mejores vinos por menos de 10 euros, 2015, de nuestra amiga Alicia Estrada. Esta tercera edición vuelve a agrupar una cuidada selección de 100 vinos españoles representativos cuyo precio no supera los 10 €. Un enfoque lúdico y experimental aleja esta guía del punto de vista puramente técnico, acercando el mundo del vino a todos aquellos que quieren vivir una experiencia única ante un caldo sin arruinarse.

Cómo quiero que me sirvan el vino, de Arturo Pardos

Cómo quiero que me sirvan el vino, de Arturo Pardos

Cómo quiero que me sirvan el vino, de Arturo Pardos. Una nueva edición de un libro que en poco tiempo se ha convertido en un clásico del servicio del vino y que por primera vez incluye ilustraciones a color del autor. Acompañado de un práctico enfriador adaptable a todo tipo de botellas y encuadernado en cartoné, se presenta en un atractivo estuche reutilizable para contener pequeños objetos. El libro documenta de forma contundente cada uno de los pasos de la secuencia que constituye un correcto servicio del vino: presentación de la carta, elección del vino, transporte de la botella a la mesa, presentación, apertura, cantidad y ritmo de servicio, retirada de las botellas, etc. con el fin de ayudarnos a superar la timidez que por desconocimiento nos produce el enfrentarnos al incorrecto e incluso petulante comportamiento de algún sumiller.

Pack Vino para Dummies + DVD, de Ed McCarthy

Pack Vino para Dummies + DVD, de Ed McCarthy

Pack Vino para Dummies + DVD, de Ed McCarthy. Si el lenguaje de los enólogos se te hace incomprensible e incluso un poco pretencioso, o la información de las etiquetas de las botellas te deja indiferente, necesitas este libro para reconciliarte con el universo del vino. Cuando te adentres en él, notarás cómo crece en ti una pasión que seduce y atrapa, y descubrirás infinitos matices y opciones ¡que todos los años cambian! No te agobies, Vino para Dummies te explica con calma todo lo que tienes que saber, de forma ordenada y muy clara, para que no te pierdas. Si ya tienes alguna idea sobre el tema, también encontrarás capítulos con consejos e información para el consumidor ocasional e incluso para los paladares más educados. No todos los libros sobre vino han de ser para expertos.

1001 vinos que hay que probar antes de morir, de Neil Beckett

1001 vinos que hay que probar antes de morir, de Neil Beckett

1001 vinos que hay que probar antes de morir, de Neil Beckett. Existen miles de excelentes vinos en el mercado, pero ¿cuál de ellos deberíamos probar por lo menos una vez en la vida? Este libro ayudará al lector a tomar la decisión correcta a la hora de elegir un vino y le llevará más allá de la sensación del gusto inicial para ofrecerle datos históricos, anécdotas, información sobre bodegas y viticultores, así como las opiniones de prestigiosos críticos de vino. Algunos de los 1001 vinos son viejos y escasos, pero la gran mayoría está disponible en cualquier parte.

Enología práctica: conocimiento y elaboración del vino, de Jacques Blouin y Émile Peynaud

Enología práctica: conocimiento y elaboración del vino, de Jacques Blouin y Émile Peynaud

Enología práctica: conocimiento y elaboración del vino, de Jacques Blouin y Émile Peynaud. Un libro de caracter más técnico que los anteriores, pero fundamental para aquellos que quieran introducirse de manera más compleja en el mundo de la elaboración del vino y entender todos los procesos y su influencia a lahora de la cata.

ACTUALIZACIÓN: Siguiendo la buena recomendación de Jorge, del blog Sibaritastur, añadimos 1 libro más que es realmente imprescindible para un amante del vino:

El Vino, de André Domine

El Vino, de André Domine

El Vino, de André Domine. Esta obra reúne como ninguna otra todo lo que hay que saber acerca del vino. A ello contribuyen sin duda las 1.200 fotografías de gran calidad y los 150 mapas muy detallados. Este libro es un atlas sobre vinos, pero también una obra de referencia y una guía de las regiones y los países viticultores. Tras introducir al lector en la historia del vino, su elaboración, las bodegas y el disfrute de esta bebida, se describe todo el proceso de creación de los caldos, desde el ciclo anual de la viña hasta la moderna tecnología enológica. Completa la obra un recorrido por todos los países productores del mundo.

Receta de jalea de vino

Ingredientes para 650 gramos

500 g de manzanas lavadas y troceadas, 600 ml de agua, 1 botella de vino tinto, 670 g de azúcar, un trozo de muselina.

Cómo hacer la jalea de vino

Colocamos las manzanas, el agua y el vino en una cazuela. Lo llevamos todo a ebullición, bajamos el fuego y dejamos que hierva a fuego lento durante 30 minutos o hasta que las manzanas estén muy blandas y casi desechas.

Filtramos las manzanas guisadas por un tamiz cubierto con la muselina. Una vez que se haya extraído todo el jugo, lo medimos, lo devolvemos a la cazuela limpia y agregamos 450g de azúcar por cada 600 ml de jugo. Lo llevamos al fuego, removiendo a menudo, hasta que el azúcar se haya disuelto por completo. Lo dejamos hervir durante 20 minutos o hasta que la jalea haya adquirido la consistencia adecuada.

Envasamos en frascos de vidrio esterilizados calientes. Una vez fríos los etiquetamos y los guardamos en un lugar fresco y oscuro.

Degustación

La jalea de vino es ideal para acompañar distintos tipos de quesos, en un aperitivo o como entrada de una cena. Además, la podemos hacer con diversas frutas como frambuesas, tomates, piña, fresa, pera, etc. Es una buena guarnición como salsa para el pavo, el cerdo y las carnes de caza asadas.

Mantén tu botella de vino en buen estado

  • Posición. Las botellas deben guardarse acostadas, en posición horizontal, de esta forma el vino siempre estará en contacto con el corcho y el tapón no se secará. Otra forma de colocarlas es ligeramente inclinadas hacia arriba, para que el sedimento del vino se acumule en el fondo de la botella, pero se corre el riesgo de que el corcho no se mantenga húmedo y se filtre el aire. También se pueden colocar inclinadas hacia abajo para que el corcho se mantenga húmedo, pero el sedimento se almacenará cerca del corcho y estropeará el vino. Por lo que si se decide colocar las botellas inclinadas hacia arriba o hacia abajo habrá que moverlas. Si el tapón del vino es de silicona o de plástico se pueden conservar las botellas en posición vertical. Igualmente, para los vinos blancos y el champagne hay una tendencia actual que indica que estarán mejor de pie.
  • Temperatura. Debe ser constante, entre 13 y 16 grados aproximadamente, es decir, en un lugar fresco, pero sobre todo que no sufra cambios bruscos de temperatura. Por este motivo, la cocina no es un buen lugar de la casa donde guardarlo porque suele tener una gran variabilidad de temperaturas además de olores. Podemos utilizar un termómetro-higrómetro para asegurarnos de que la temperatura y humedad es la óptima.
  • Humedad. Lo ideal es que esté entre el 60 y el 70% para mantener la estabilidad del corcho.
  • Luz. La luz es enemiga del vino porque lo oxida, así que lo ideal es conservar las botellas en un lugar oscuro, lejos de la luz solar y de las ventanas.
  • Olor. El vino se debe conservar en una zona sin olores, lejos de productos químicos o de limpieza.
  • Estantes. Las repisas o estantes de madera constituyen una de las mejores soluciones para almacenar las botellas. Se instalan de forma sencilla y permiten almacenarlas en posición horizontal dejando visibles las etiquetas.

 

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